martes, 17 de septiembre de 2013

"MIRTHA NAVARRO LAVALLE". LA AMIGA DE MIS NIETOS Y QUE NOS REGALA SU AMISTAD Y ALEGRÍA EN LINCE.

Mirtha Navarro
Le dedico estas líneas a mi amiga Mirtha Navarro Lavalle, la encantadora dama que solemos ver en nuestras visitas a Lince a casa de mis nietos Alejandra y Joaquín. Siempre nos regala su cariñoso y afectivo saludo y nos invita a que los pequeños Serván Castro disfruten del acogedor ambiente del condominio. Nacida, según sus propias palabras, en el barrio más popular y querido de nuestra Lima: La Victoria. En la calle Manco Cápac y muy cerca a donde fue nuestro primer hogar, en la cuadra 9, allá por el año de 1958 y recién casados. Dejamos grandes amistades y aprovechamos en citar a Vicenzo Sposito Pacalle y su esposa Anita Marcello, con quienes disfrutamos de la música italiana a plenitud. ¿Qué será de Esteban Bosco Mario, su hijo? Viajó a los Estados Unidos y dejó de escribirnos. Un saludo para ellos.

Acogedora con Ale y Joaquín
Volvamos a Mirtha. Cada vez que la ven, mis nietos saltan de alegría, porque encuentran en ella su natural afecto. Y les permite ingresen a su cálido hogar y allí permanecen buen rato, mientras que este abuelo se da un pequeño descanso. Señora de su hogar y que deja su carismática herencia en Andrea Lértora Navarro, su hija, una profesional de la psicología y que también muestra las mismas simpatías de su mamá. Lo decimos con gran sinceridad. Nos agrada compartir palabras con nuestros vecinos y así seguiremos por siempre.

Joaquín y Ale felices con Mirtha
Nos imaginamos a Mirtha en su niñez y en ese barrio que estuvo ligado a nosotros y desde mucho tiempo atrás. En la misma avenida Manco Cápac y cerca al que fuera el cine Odeón, vivía nuestro tío Leopoldo Cueva. Mi madre tenía predilección por ir a esa casa donde existían un piano y una guitarra y cada vez que los visitábamos escuchábamos el vals "Luzbel en Coloquios" que tocaba nuestro tío. Épocas del "Taormina" en la Plaza del mismo nombre y que posiblemente allí saboreaba sus ricos helados nuestra amiga Mirtha. Mírenla en la foto como observa a mi nieto Joaquín, que está lleno de contento, mientras Ale se entretiene con alguna curiosidad que nuestra amiga ha puesto en sus manitos.

Un saludo de Mirtha
Conversando con ella le manifesté que tuve dos grandes amigos, hermanos ellos, que vivieron y crecieron como nosotros en Surquillo: los hermanos Jorge y Carlos Garagay, hijos de una mamá como ella, buena y querendona. El primero fallecido trágicamente en un paseo juvenil y Carlitos, muy alegre y buen futbolista y que también se nos fue años después. Siempre están en micorazón. En Manco Cápac también alternábamos con la gente del Alianza Lima, cuyo local estaba situado justo en la novena cuadra y era ocasión de charlar largo y tendido con Cornelio Heredia y Teódulo Legario, figuras cumbres de los "Intimos de la Victoria" en tiempos de Lolo Fernández, ídolo de la "U". A la derecha se muestra Mirtha sorprendida por nuestro lente y se la ve encantadora y dándonos un saludo. 

Contenta al lado de mis nietos
Como no agradecerle su amistad si cada vez que nos encontramos siempre hay un momento para entender a este abuelo chocho. Nos incentiva a que los tenga en ese gran patio y ahora último remodelado y en el que Alejandra y Joaquín dan rienda suelta a su efervescencia infantil. Los dos niños, apenas la ven salen a su encuentro y se toman la libertad de invadir su hogar. Trato de aquietarlos, pero la acogedora amiga de esta reseña nos lo impide. "Deje que se diviertan. Los niños necesitan correr y quemar sus energías". Y este abuelo se deja llevar por el consejo y ruega que esa gran vecindad de la calle Carcilaso de la Vega no se aturda con tanto alboroto.

Gracias Mirtha por tu bondad
Le prometimos hacer un comentario en este blog "Servaneando" y lo estamos cumpliendo con gran simpatía por esta dama que nos distingue con su generosa amistad. Allí la tienen. Entretenida con mis adorados nietos y al calor de su hogar. Un saludo especial a Andrea Lértora y otro a su familia en general. Las puertas de nuestro corazón están siempre abiertas para recibirlas. Con Mirtha Navarro Lavalle conversamos el mismo idioma: el de la armonía. Aquel que une y no contempla divisiones por clases sociales y tiene el respaldo del Creador Supremo del Universo. Porque fuimos creados para convivir en paz y servirnos los unos a los otros. Gracias amiga por mostrarnos tanta bondad y que tengamos muchos años más de vida para disfrutarla. Gracias.



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